Opinión
La construcción de Asturias, imposible sin los concejos
El I Encuentro de alcaldes y alcaldesas convocado por LA NUEVA ESPAÑA, un éxito por la amplia acogida institucional y la coincidencia de opiniones

Ese territorio común llamado Asturias exige competir y compartir, y no se puede alumbrar un nuevo proyecto de región sin dar un relevante papel a los ayuntamientos. / Pablo García
En el principio estaban los ayuntamientos. Con la restauración de la democracia, los primeros representantes propios ligados al territorio que pudieron elegir los asturianos fueron los alcaldes y concejales de las 78 corporaciones de 1979. La vía lenta por la que el Principado optó entonces para dotarse de autogobierno hizo que los diputados regionales salidos de las urnas y la constitución de la Junta como parlamento autonómico llegara al siguiente mandato, en 1983. Hoy, igual que hace 45 años, la construcción de la nueva Asturias es impensable sin otorgar un relevante papel a los concejos.
Ponga pone en marcha el miércoles una pionera red local de taxis a demanda para que sus vecinos, muchos mayores y sin medios propios de transporte, puedan comunicarse con la capital del concejo. El coste principal corre a cuenta del municipio, aunque el Principado le acabará restituyendo una parte. Pero a finales de año. Esta es la compleja realidad en la que los concejos, grandes o pequeños, viven inmersos. Los ayuntamientos son la administración más valorada porque constituyen la oleada de desembarco frente a las dificultades, les corresponda o no por reparto de competencias encararlas. Los alcaldes y concejales, como instancia más inmediata, se juegan en primera línea la confianza electoral. Y no les queda otra que satisfacer las peticiones estirando el presupuesto. Con la peor financiación acaban cargando con más servicios que nadie.
Para visibilizar el esfuerzo diario que tienen que hacer por garantizar la atención, que casi siempre pasa desapercibido, y para propiciar un espacio desde el que intercambiar ideas y buenas prácticas a partir de las cuales articular la región acaba de celebrarse esta semana el I Encuentro de alcaldes y alcaldesas de Asturias organizado por LA NUEVA ESPAÑA. Nace con vocación de continuidad en la estela de anteriores citas, como el Foro Municipalismo, y constituyó un éxito por la amplia acogida institucional y la coincidencia de opiniones. Con independencia del color político de cada partido y la distinta responsabilidad en los ámbitos de poder –estatal, autonómico o municipal–, apenas existen discrepancias ni en el diagnóstico, ni en la urgencia de instar cambios.
A veces los trámites burocráticos superan el esfuerzo que supone poner en marcha una actividad. Encorsetados por una legislación que dificulta hasta el ridículo la contratación y en vigilancia constante, los alcaldes se sienten como los inmaduros hermanos pequeños que precisan de tutela permanente y, además, como los parientes pobres de la fiesta, convirtiéndose, sin los adecuados recursos para ello, en piedra angular del Estado del bienestar en materia de prestaciones sociales, manutención, seguridad, limpieza, apoyo a la educación, dinamización económica o cultural y tantas otras cosas. Son, quedó dicho, auténticas «líneas de vida».
La diversidad es un tesoro para competir y progresar: el reto para el II Encuentro de alcaldes y alcaldesas será vertebrar la región en la unidad desde la suma de sus partes
Caben analogías entre los ayuntamientos, cada vez más intensos en su relación con los residentes y garantes del equilibrio y la cohesión, y un periódico de amplia capilaridad como LA NUEVA ESPAÑA, único medio asturiano con un pie en todas las comarcas y en esfuerzo constante por ampliar su implantación en diversos soportes –cinco ediciones en papel y seis digitales–. Incluso durante la histórica reunión pudo escucharse, de boca de los regidores, que esta casa es al periodismo regional por su presencia territorial lo que la administración municipal a la política. Nos une la defensa y el impulso del municipalismo. Ahí siempre nos han encontrado y nos encontrarán. Concurrimos también en el espíritu de servicio. Cada esquina de Asturias guarda historias por descubrir. Queremos que vean la luz y componer con ellas una mirada relevante sobre la sociedad. Convertirnos jornada a jornada, desde más cerca, en la ventana a la que se asoman los asturianos en busca de la versión más próxima a la verdad.
El sistema de funcionamiento de las corporaciones no responde a la realidad actual. No existen recetas mágicas. Las eficaces para devolverles el espacio central llegarán desde la cooperación. La diversidad, con sus matices locales –que no localistas, como se recalcó en las intervenciones–, es uno de los mayores tesoros de esta tierra. Ese proyecto común llamado Asturias exige competir y compartir, hallando en la potenciación de lo propio el estímulo para progresar, no un pretexto para segregar y discutir. Ahí queda el reto para el II Encuentro de alcaldes y alcaldesas: vertebrar la región en la unidad desde la brillante suma de sus partes.
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